Lava muy bien las manzanas y sécalas. No es necesario pelarlas (la piel aporta mucha fibra y color).
Con la ayuda de una mandolina (o un cuchillo muy afilado), corta las manzanas en láminas muy finas, de unos 2-3 milímetros de grosor. Retira las pepitas que queden sueltas.
Coloca las láminas en un bol amplio, pulveriza ligeramente con aceite en spray y espolvorea la canela en polvo. Mezcla con las manos para que todas se impregnen bien.
Precalienta tu Airfryer a 140°C.
Coloca las rodajas en la cesta de la freidora, intentando que no se amontonen demasiado (es mejor hacerlas en un par de tandas).
Cocina durante 15 a 20 minutos. Es crucial abrir la cesta cada 5 minutos y darles la vuelta a las manzanas para que se deshidraten por igual y evitar que se vuelen hacia la resistencia.
A los 15 minutos, comprueba el tostado. Deben verse doradas y rizadas en los bordes.
El paso mágico: Sácalas de la Airfryer y déjalas reposar extendidas sobre una rejilla o un plato durante al menos 10 minutos. Al enfriarse, terminarán de endurecerse y quedarán súper crujientes.
Guárdalas en un bote de cristal hermético para que no pierdan su textura.